No muy lejos de aquí [Capítulo 6. Final]

El olor a cafeína y tabaco en mi boca harían que cualquiera se sintiera incómodo hablando conmigo, y pensaba que nunca iba a terminar la historia del puto Pepé y su madre. Los dedos entumecidos por las largas horas sentado frente a la Olivetti me empiezan a picar, me paro velozmente, prendó un cigarrillo, saco unos cubos de hielo, y los friego concienzudamente contra mis dedos, el humo del cigarro se mete en mis ojos, pero justo antes de tocarlo recuerdo que tengo las manos mojadas, me detengo por un momento sin saber que hacer, pero mientras más lo pienso mi ojo se vuelve más pequeño por el tenebroso humo, pero a fin de cuentas ese soy yo, un tipo con un ojo lagrimoso, un cubo de hielo a medio derretir, un par de dedos semicongelados y una decisión que no puede ser tomada.

Un pesado aire entra por la ventana, mi cuerpo desnudo ha dejado una marca de sudor en el colchón, y no he podido dormir en toda la noche, mañana temprano debo reunirme con mi editor, y las tres reuniones anteriores no habían sido de mucha ayuda, se había llenado la boca con tecnicismos, y después de tanto balbuceo la única frase que se me había quedado era que, de no presentar algo publicable la editorial daría término al contrato,pero yo no los culpaba, desde que había ganado ese concurso que no había sacado algo decentemente publicabable, y el estar sentado frente a una máquina de escribir de ocho a ocho resultaba tan tedioso como unos de esos trabajos de oficina, ya no lo disfrutaba, pensaba que lo único que quería realmente era que Ernesto se vomitara el café encima al leer mi malformado crío, y me dijera que ya no tenía responsabilidades con la editorial, en otras palabras, Ernesto, el dulce Ernesto firmaría mi acta de libertad, y mientras pensaba cerré los ojos, suspiré hondamente y traté de dormir.

El café de Ernesto estaba frío, inmaculado, semidesnudo frente a mi, y mientras sus ojos escrutaban las hojas manchadas con tinta barata, de los nervios me rompía los dedos. Ernesto tenía una extraña mueca, era una mueca practicada y fingida, era LA mueca para despedir a la gente, hizo un silencio bastante cómodo y bebió un poco de café, estaba frío, lo tragó disimulando la desagradable situación, pero yo lo había notado, no había nada más desagradable que tomar café frío, y más aún cuando vas a despedir a alguien. Pero por otro lado, yo sería libre, pero por una cuestión de respeto disimulaba mi felicidad, lentamente saqué un cigarrillo, y Ernesto acercó la llama hacía mi mientras empezaba a hablar.

-¿Te ha pasado algo en los últimos tiempos?
-No, o sea, lo mismo de siempre, mujeres van, mujeres vienen, pero nunca tanto como para caer en cursilerias. ¿Por qué lo preguntas?
Vaciló un momento y prosiguió.
-Es que, ¿cómo te lo digo?
Mi incertidumbre era como una tetera a punto de hervir, sus ojos extraviados y su cejo fruncido no me daban buena espina. Continuó casi obligado por mi mirada que exigía respuestas.
-Como que estás escribiendo cosas "felices".

En ese momento no supe que me había molestado más, si el hecho que encontrara "feliz" mi trabajo, o el hecho que haya hecho ese asqueroso gesto con las manos para simular las comillas, pero había algo que me confundía en cantidad, no sabía si lo que me decía era bueno o malo para mi plan, ¿le gustaba que fuera "feliz"?, ¿le molestaba?, me tuve que morder la lengua para no acapararlo con preguntas sobre su juicio de valor, y con una sonrisa cínica en la cara interrogué.
-Entonces, ¿habemus publicación?

Ernesto golpeó contra la mesa el fardo de hojas acomodándolo y lo metió en su malgasto bolso de cuero, dejó una considerable suma de dinero en la mesa y me pidió que esperara su llamado.

No sabía que hacer, todo había pasado tan rápido que ni siquiera tuve la oportunidad de negarle la opción de que se llevara el manuscrito y que me dijera de inmediato la decisión, ahora sólo quedaba la incertidumbre, de repente fui interrumpido por el garzón que totalmente decidido me consultaba si podía retirar las cosas, asentí con rudeza y caminé.

Maldecí mil veces a Ernesto, ¿cuál es la idea de dejar a un hombre como yo en la laguna de la incertidumbre?, por un momento pensé que Ernesto sabía mis planes, y todo esto era una suerte de "regalo" de despedida, y de un momento a otro caí en cuenta, yo sabía que el escrito era totalmente impublicable, y sobre todo después de las modificaciones que le había hecho anoche causa del insomnio. Ahora me sentía bastante bien, había llegado a la conclusión que Ernesto no tuvo los cojones para decirma a la cara que estaba despedido, y era mucho mejor hacerlo por teléfono, así, no tendría la necesidad de ver mi rostro destruido tras la derrota, ¡cobarde!, murmuré, y con una sonrisa corrí hacia mi casa.

Hoy era una noche muy especial, debía celebrar como Dios manda, así, con suerte terminaría con una mujer en la cama, y quién sabe, quizás con dos.

El Salón

Era temprano, pero yo siempre llegaba de los primeros al salón de clases, ¿les cuento un secreto? yo competía con la Lola la tortuga, este mes íbamos 7 - 8, y el punto del día de hoy era para mi, así que quedábamos en empate, no recuerdo cómo empezó este juego, pero me gustaba bastante, amaba a Lola profundamente, pero nunca he tenido el valor de decírselo a la cara, pero siempre se lo decía indirectamente cuando compartía mis plátanos con ella en el recreo, a excepción de las veces en que la profesora Regina me dejaba en el salón castigado por mis travesuras, en esos momentos en que escuchaba a todos mis compañeros jugar en los árboles de afuera me arrepentía de todas, me arrepentía bastante, no podía estar con Lola.

La profesora Regina tenía un cuello muuuuuy largo, y nunca podíamos hacer trampa en los exámenes, y también por culpa de Clementina la urraca, que nos acusaba cada vez que hacíamos algo malo, y como decía Nicolás: siempre en los cursos hay cucarachas soplonas (sin ofender a las cucarachas presentes), pero igual era divertido verla huir a las copas de los árboles, cuando tratábamos agarrarla para vengarnos.

Uno a uno empezaron a llegar mis compañeros, y el que siempre llegaba tarde era Luciano el perezoso, quien por su condición, estaba autorizado a dormir hasta tarde, Luciano es mi mejor amigo, por eso siempre cuidaba el asiento que está a mi lado, así, cuando él llegara, podría estar a mi lado, Luciano era el único que conocía el secreto de Lola, y yo sabía que no podía estar más seguro con otra persona. De pronto el Director ruge el tono de entrada, estaba oficialmente iniciado un nuevo día de clases.

-Buenos días alumnos.
-Bue-nos dí-as pro-fe-so-ra Re-gi-na-. Todos respondimos al unísono y acto seguido nos sentamos.
-Saquen sus cuadernos de Castellano, hoy vamos a hablar de la poesía.
Poesía! los pelos de mi cola se pusieron de punta, Lola me había estado hablando de poesía camino al pantano, estaba decidido, hoy no causaría desorden alguno, pondría atención, así podría conquistar a Lola leyéndole una linda poesía.

Estaba tan ocupado con mis pensamientos,al cabo de un momento, me había imaginado mil escenarios posibles, en algunos tenía un sombrero con una pluma, y arrodillado le cantaba suavemente hermosos sonetos a Lola, quien desde la cima del árbol me miraba desconsolada por tal entrega, ó, me imaginaba frente a ella, los dos tendidos mirando las estrellas en un mantel cuadriculado, y sólo con la luz de la luna leía dramáticamente esbozos de algún poeta enamorado, mientras el croar de las ranas cantaba sutilmente nuestra historia, y los grillos acompañaban haciendo las segundas voces.

La profesora Regina nos entregó a cada uno una hoja de papel, y nos pidió que escribiéramos un poesía, nos dijo que no importaba que sintiéramos que era fea, indigna de llevar el nombre siquiera de poesía (eso no lo dije, lo agrego yo ahora para que se entienda mejor mi punto), pero que la idea era que nosotros encontráramos lo que estaba escrito en la pizarra, "inspiración", la profesora había estado hablando de muchos poetas, y fue cuando recordé que la mayoría les escriben a sus musas, en ese momento no pude pensar en nadie más que en Lola, pero mientras más mordía el lápiz, nada se me ocurría, no me di ni cuenta cuando ya todos estaban entregando sus trabajos, y yo sólo tenía una hoja llena de aserrín. Al cabo de un momento no quedaba nadie en la sala, y la profesora me miraba extrañada, razón tenía, no había hecho desorden en clases, y al parecer atención había puesto, se acercó a mi y me dijo:
-¿Qué sucede Emilio?
-Profesora, tengo tanto que decir, pero no se cómo hacerlo-. En ese momento una gran angustia se apoderó de mi juicio.
-Emilio, eso justamente es la inspiración, hace falta sólo que aprendas a usarla.

En ese momento una gran alegría sentí, sólo tenía que aprender a usar eso llamado inspiración, y por fin Lola estaría conmigo. Salí enérgicamente de la sala, contento por la noticia de la Profesora Regina, y más grande fue mi sorpresa cuando me acerco a la puerta y Luciano se acercaba a la puerta con un papel en la mano, había llegado tarde, otra vez.


No muy lejos de aquí [Capítulo 5]

La mami cerraba suavemente el libro mientras miraba a Pepe, su hijo, quien tiernamente dormía, dormía muy arropado, el invierno estaba llegando, su mami no quería que agarrara la gripa, el libro se llamaba "Carolina Colorina" y a Pepe le gustaba mucho, él pensaba que era su tesoro, y, ¿quién no lo pensaría?, era cosa de mirarle los ojos brillantes y la sonrisa inocente que ponía cada vez que contaba la historia de cómo el libro había llegado a sus manos en las fiestas familiares.

Era temprano en la mañana, la mami de Pepe está en la ducha mientras el agudo sonido de la tetera indica que el agua está lista, apresurada la mami de Pepe sale del baño sólo tapada con una toalla gris, y apacigua el agua y velozmente prepara dos jarros de leche, uno para Pepe y otro para ella, les deja flotando en baño María (no vaya ser que esté frío cuando Pepe despierte), y caminando en puntillas se acerca a su habitación para arreglarse, afuera todavía está oscuro, y el suave aroma a mañana se acerca por las montañas del sur.

Pepe vive a sólo dos calles de la escuela, tiene pocos años, pero ya va solo, aún así su madre lo mira desde el pórtico hasta que se le pierde de vista, saca un cigarrillo y lo enciende, a lo lejos se escuchan risas de niños, las cuales son apaciguadas con el zumbido del timbre que les hace pasar a clases, son las 8 de mañana, la madre de Pepe cierra la puerta y parte a trabajar, no verá a Pepe hasta la hora de la cena.

Pepe siempre se ha sentado en los primeros asientos de salón, le cuesta mirar la pizarra, su mami lo había llevado al médico de los ojos, el cual le había dado un par de gafas, pero a Pepe no le gustaban, feas las encontraba, así que un día dejo caer su almanaque fuertemente sobre ellos, era el plan perfecto, su mami pensó que había sido un accidente, ahora Pepe sólo esperaba que el próximo año existieran gafas más lindas. El maestro entró en el salón los saludo amablemente e hizo una gran bola en el pizarrón, y escogiendo tizas de colores cálidos pintó el interior, tirando trazos hacía afuera, Pepe estaba muy curioso, el profesor estaba ensimismado pintando la gran bola, y todos los niños esperaban espectantes que terminara su obra. De un momento a otro el profesor dio media vuelta y les dijo a los niños -Este es El Sol- y con sus mangas manchadas de tiza apuntó a Pepe y le preguntó -Usted ¿qué sabe del sol?- Miles de recuerdos pasaron por la mente de Pepe, se vió tendido tomando sol en un campo de avena al sur, se vió corriendo por la playa, y recordó como la fresca agua que rebotaba de sus pies le calmaba el calor, pero lo último que recordó fueron los girasoles que su abuela tenía en su jardín. Pepe corrió asustado hacía la terraza -Abuela! abuela! el girasol se movió!, yo lo vi!, te juro que se movió!- la abuela cogió su bastón y caminó con Pepe hacía el jardín, allí fue donde le contó que los girasoles se movían porque buscaban el sol, y que el sol les hacía bien, les daba energías y los hacía felices. Ahí fue cuando Pepe comprendió por qué los girasoles estaban tristes por la noche.

-El sol hace que lo girasoles se muevan, crezcan, y les da energía- Muy bien! gruñó el profesor, quien se deshizo en explicaciones, Pepe dibujaba el sol en su cuaderno, escuchaba a lo lejos la voz del profesor que les contaba que el sol era una estrella, y que iba a llegar un momento en que se apagaría, en ese mismo momento Pepe detuvo el lápiz y miró estupefacto al profesor, y no podía entender como daba una noticia así sin ningún remordimiento, sin ninguna pena, ni una pizca de tristeza veía Pepe en los ojos de su profesor, cuando el timbre lo sacó de su trance, Pepe no tuvo más remedio que llorar mientras todos sus compañeros se apresuraban al cuarto de baño a sacar una llanta para jugar en el descanso, aquel día Pepe no paro de llorar, y hubo una sola llanta que no salió del cuarto de baño en todo el día.

Al llegar la noche Pepe se acostó temprano, tenía cansancio, sus ojos hinchados se los había ocultado a mamá con su máscara favorita, y cuando ella llegó a la habitación con el libro bajo el brazo, notó que Pepe estaba durmiendo, su luz de noche giraba silenciosamente sobre el velador, la madre no tuvo otra opción que cerrar suavemente la puerta (obviamente no quería despertar a Pepe).

Era temprano en la mañana, la mami de Pepe está en la ducha mientras el agudo sonido de la tetera indica que el agua está lista, apresurada la mami de Pepe sale del baño sólo tapada con una toalla gris, y apacigua el agua y velozmente prepara dos jarros de leche, uno para Pepe y otro para ella, les deja flotando en baño María (no vaya ser que esté frío cuando Pepe despierte), y caminando en puntillas se acerca a su habitación para arreglarse, pero en ese momento nota que Pepe no está, nerviosamente recorre todo el lugar buscándolo, pero no lo encuentra, se viste tan rápido como puede y sale a la calle, no sabe donde ir, no sabe por donde empezar, y decide ir a casa de su madre, y qué sorpresa cuando ve a Pepe disfrazado de dinosaurio durmiendo tenuemente junto a los girasoles, exhausto se veía, su madre se acercó lentamente, le tomó en sus brazos, se lo llevó, y lo acostó, ese día Pepe no fue al colegio, estaba cansado, había estado bailando frente a los girasoles toda la noche, no estarían tristes nunca más.

No muy lejos de aquí [Capítulo 4]

Javier estaba con los ojos brillantes, y suspiraba mientras cuidadosamente dejaba la carta de Vicente a un lado, nunca lo había escuchado leer de esa manera, tenía la voz partida, y la mano derecha le tiritaba, haciendo que la pulsera hiciera un tenue sonido, luego enroscó nuevamente el papel y lo introdujo de nuevo en la botella, tomó el corcho, le sacudió la arena y lo puso en su lugar, le ayudé a ponerse de pié y lanzó con todas sus fuerzas la botella de vuelta al mar, me miró, sonrió y me besó.

Al momento en que empezaron a correr los créditos, todo el cine se puso de pié y aplaudió, el soundtrack de la película sonaba fuerte y se confundía con los vítores de la audiencia, quienes conmovidos por la historia de Javier salían de manera ordenada hacia la salida, se escuchan susurros por todos lados, "me imaginaba que terminaría así", "que lindo era Javier", "yo no quería que se besaran", y hasta los más fanáticos comentaban que era la obra maestra de ésta directora, la última en salir fue Carolina, que siempre se quedaba hasta que cerraban las cortinas, le gustaba ver los nombres elegir uno y contar cuantas veces salía, en ésta ocación el primera nombre que había visto era Jean Pierre, y había contado 24, miró hacía los lados (no había nadie), sacó una libreta roja, la abrió en la mitad y anotó: Jean Pierre - 24.

Carolina había ido sola al cine, no le gustaba ir con amigas porque cuando terminaba la película, sus amigas iban al baño, y no le gustaba ir al baño "entre amigas", pero tampoco iba con amigos, porque se imaginaba que le iban a pasar el brazo por atrás de la espalda, así como en las películas malas, y no se iba a permitir estar en una película mala, ella esperaba que algún día, cuando estuviera anotando los nombres, se diera cuenta que alguien hacía lo mismo, y que ese alguien sería para ella, luego se dió cuanta que justamente eso era lo que le molestaba de la mayoría de las películas, y por el miedo a que eso pasara algún día, nunca más fue el cine.