Javier estaba con los ojos brillantes, y suspiraba mientras cuidadosamente dejaba la carta de Vicente a un lado, nunca lo había escuchado leer de esa manera, tenía la voz partida, y la mano derecha le tiritaba, haciendo que la pulsera hiciera un tenue sonido, luego enroscó nuevamente el papel y lo introdujo de nuevo en la botella, tomó el corcho, le sacudió la arena y lo puso en su lugar, le ayudé a ponerse de pié y lanzó con todas sus fuerzas la botella de vuelta al mar, me miró, sonrió y me besó.
Al momento en que empezaron a correr los créditos, todo el cine se puso de pié y aplaudió, el soundtrack de la película sonaba fuerte y se confundía con los vítores de la audiencia, quienes conmovidos por la historia de Javier salían de manera ordenada hacia la salida, se escuchan susurros por todos lados, "me imaginaba que terminaría así", "que lindo era Javier", "yo no quería que se besaran", y hasta los más fanáticos comentaban que era la obra maestra de ésta directora, la última en salir fue Carolina, que siempre se quedaba hasta que cerraban las cortinas, le gustaba ver los nombres elegir uno y contar cuantas veces salía, en ésta ocación el primera nombre que había visto era Jean Pierre, y había contado 24, miró hacía los lados (no había nadie), sacó una libreta roja, la abrió en la mitad y anotó: Jean Pierre - 24.
Carolina había ido sola al cine, no le gustaba ir con amigas porque cuando terminaba la película, sus amigas iban al baño, y no le gustaba ir al baño "entre amigas", pero tampoco iba con amigos, porque se imaginaba que le iban a pasar el brazo por atrás de la espalda, así como en las películas malas, y no se iba a permitir estar en una película mala, ella esperaba que algún día, cuando estuviera anotando los nombres, se diera cuenta que alguien hacía lo mismo, y que ese alguien sería para ella, luego se dió cuanta que justamente eso era lo que le molestaba de la mayoría de las películas, y por el miedo a que eso pasara algún día, nunca más fue el cine.
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