Jaramillo en la Mansión

Jaramillo corría desesperado por los anchos pasillos de la mansión, la tarde se escurría y una gran manta naranja hacía parecer todo como una foto en sepia.
Unas grandes pisadas retumban en el techo y se acercaban rápidamente a Jaramillo que se encuentra tras la cortina de satín, pues sus zapatos negros hacían burlas por debajo de las largas trazas de tela, unas grandes patas se acercan cuidadosamente, cuidando que el viejo suelo de la mansión no dejara el puro griterío, sus garras se acercaron lentamente al borde izquierdo de la cortina y de un sopetón la abrieron, abajo, en el suelo, el par de zapatos de Jaramillo colocados en perfecta posición habían sido suficientes para engañar al monstruo de las patas grandes y a lo lejos se escuchaba la voz de Jaramillo que entre risas grita -Por mi y por todos mis compañeros-.

Ya era tercera vez que el monstruo de las patas grandes tenía que contar, pero él también quería esconderse, la mansión era tan grande que sabía debían haber millones de lugares donde poder esconderse y ganar el juego, pero lamentablemente no era tan bueno buscando a la gente, y todos los monstruos con Jaramillo siempre encontraban una manera muy graciosa de burlarlo y hacerle contar de nuevo.

Luego de que el monstruo de las patas grandes empezara a contar, todos los demás estaban pensando ya donde esconderse, el monstruo con las plumas pensaba esconderse entre un par de botones en el abrigo que colgaba de la percha a la entrada, el de los ojos grandes pensaba entremeterse entre las galletas del jarro de grueso vidrio y Jaramillo quería seguir descubriendo qué había tras las puertas del tercer piso, había abierto todos los colores y sólo faltaba la verde, por eso es que en el segundo en que el monstruo de las patas grandes se dio la vuelta para contar, Jaramillo tomó los zapatos que estaban junto a la cortina de satín se lo puso y empezó a correr entre los monstruos, quienes tropezaban a medida que avanzaban por los estrechos pasillos de la mansión que por esas horas ya empezaba a crujir por los rayos de sol que golpeteaban en el techo.

El pasillo del tercer piso aparecía inmenso frente a Jaramillo, todas las puertas lo miraban y le pedían que las abriera, pero Jaramillo tenía clara cual era su misión, se acercó lentamente a la puerta verde, mirando hacía todos lados buscando alguna distracción, una gota de sudor rodaba por las sienes de Jaramillo y tiritando abrió la puerta con rapidez, se sentía como un ninja, y saltó dando una vuelta en el aire, nadie adentro de la habitación podría haber siquiera augurado que Jaramillo entraría, pero dentro no había nadie, estaba todo oscuro, el piso era blando como un trozo de cuero, y la puerta ya cerrada había dejado todo a oscuras, salvo por unos cuantos agujeros que alumbraban desde arriba, moviéndose de un lado para otro, como un tango, un tango, lento y apretado tango.

Jaramillo no entendía nada, parecía que estaba dentro de un estómago, corrientes de aire iban y venían, Jaramillo extendía sus manos hacia las luces bailarinas pero no alcanzaba, se lanzaba contra las paredes y rebotaba como una gomita de menta en el paredes blandas como el mismo piso.

Noventa y ocho, noventa y nueve, ¡cien! Las pisadas gigantes del monstruo retumbaban por toda la mansión, las termitas huían por los troncos encefálicos de la mansión, y los corazones de los monstruos ocultos reían por la emoción de un nuevo juego. El monstruo como nunca, aburrido de contar y con ganas de esconderse, pillaba uno tras otro los monstruos ocultos, tras el ficus, dentro del castillo de naipes, sentado en el guernica, tras los botones del abrigo, en el jarro de las galletas, en las pequeñas junglas de los maceteros, en los guardagujas, y en las canciones que salen del tocadiscos, uno tras otro caen rendidos al proclamado ¡Rey de las Escondidas! De pronto sólo falta uno, uno pequeño y juguetón, uno que siempre lograba engañarlo, Jaramillo, el único que podía quitarle el cetro al ¡Rey de las Escondidas!

El monstruo de las patas grandes movía su nariz de un lado a otro, y sus bigotes rígidos como fideos sin cocer esperaban el estímulo del aroma de Jaramillo. De pronto el ¡Rey de las Escondidas! se vio frente a la puerta verde del tercer piso, abrió lentamente la puerta y vio una pequeña gaita roja encima de una mesita de noche, paciente y polvorienta, esperando que alguien la tocase, el monstruo de las patas grandes sintió que si tocaba melodías en la gaita Jaramillo aparecería a bailar, y lo podría pillar facilmente, Jaramillo amaba bailar, y el ritmo de la gaita hacía sonar fuertemente sus zapatos en el hermoso piso de madera.

El monstruo saltó desde el tercer piso por el barandal hacía la estancia donde había contado, allí le esperaban todos los demás, el de las plumas, el de los ojos grandes, el que tenía la joroba y también el chiquitito, el que no podía ver por las noches, y al que le gustaba cantar canciones de la nueva ola, también estaba aquel que le tenía miedo a las guitarras y el que no hablaba español, al lado de este estaba el que estaba dibujado con lápices pastel y a su izquierda estaba el que tenía que usar lentes, todos aplaudieron cuando llegó el de las patas grandes con la gaita entre sus brazos, cuando todos guardaron silencio el monstruo tomó una gran bocanada de aire y empezó a tocar melodías en la gaita, y dentro de la gaita Jaramillo sentía cada vez más fuertes las corrientes de aire. De pronto un gran acorde se sintió en toda la casa, y las rodillas se preparaban para bailar, Jaramillo dentro de la gaita recién empezaba entender en donde estaba, y sus risas adornaban como notas bemoles la canción del monstruo de las patas grandes ¡Rey de las Escondidas!, quien había hecho bailar a Jaramillo dentro de la gaita, y sin siquiera darse cuenta, paseando sus dedos por las notas musicales empezaron a salir las piernas de Jaramillo por los agujeros de la gaita, primero las piernas, de repente se veía su cabeza, y cuando estuvo afuera completamente completo, el monstruo tocaba con mayor rapidez, Jaramillo se unió entre risas a sus compañeros, que casi hipnotizados por la música ya habían olvidado el juego, e incluso desde afuera de la mansión se podía escuchar la melodía de la pequeña gaita roja, pero también se escuchaba como todas las risas adornaban, esta vez con notas sostenidas, la canción que Jaramollo bailaba con los monstruos.

1 comentario:

  1. me gusto, jaramillo es un tanto especial porque hace cosas que cualquier niño no haria. Quiero mas jaramillo pero me gustaria una historia romantica de jaramillo, aver si puedes :)*
    mi nota para ti es un 7 porque no todos pueden escribir asi ;)

    chachi :B

    ResponderEliminar