Una tibia tarde de verano, mientras olores marinos se colaban por las ventanas, y cuando sólo una frazada era suficiente para cobijarse, la madre narraba a Jaramillo la historia del mundo, le contaba cómo sonreía, cómo bailaba con los otros planetas, que lloraba cada vez que pasaban gigantes estrellas fugaces, y que su corazón se estremecía cada vez que un nuevo niño nacía, y que si lográbamos guardar el suficiente silencio le podríamos escuchar latir, si guardábamos el suficiente silencio le podríamos escuchar latir, el suficiente silencio, silencio, silencio, chhhh, chhhhh.
Jaramillo cayó en un profundo sueño, el recuerdo al aroma marino lo obligó a soñar que estaba navegando, y la tibia sensación del verano le quemaba la cara mientras navegaba moviendo el timón estrepitosamente mientras la boca del bote se comía la parte blanca de las olas, mientras Jaramillo gritaba a los tripulantes palabras técnicas como: babor, proa, leven anclas, por estribor, sus tripulantes lo miraban completamente confundidos, y como Jaramillo tampoco sabía lo que decía, al cruzarse sus miradas las carcajadas llovían por los aires empujadas por el vaivén de las olas.
Luego de algunas horas navegando, la mirada perdida de Jaramillo entre las olas era sorprendida por un fuerte grito que rezaba: "tieeeera a la vista", y Jaramillo pensando en los tecnicismos gira con una leve risita y se sorprende al ver, con sus ojos gigantes y vidriosos una isla no muy lejos, era hermosa al medio tenía una gran ruma de ropa adornada con pinos de papel celofán que ordenadamente bajaban desde la cima hasta el piso que estaba formado por millones de piezas de lego, puesta una junto a otra, y sus colores variaban mientras se iban acercando a la orilla de la playa, junto a la playa habían millones de palmeras de colores, y botones como cocos adornaban sus extremos y los bigotes volaban por todos lados haciendo ruidos graciosos, y comían los brotes, que ingenuos nacían en las puntas de los árboles.
Jaramillo estaba totalmente fuera de sí, junto con los tripulantes cantaban canciones y jugaban a la ronda de tanta felicidad, habían encontrado La Isla, era todo tan perfecto, el sol acariciaba dulcemente sus mejillas como besándoles, y el mar ya tenue les invitaba a navegar hacia la orilla.
Encallaron en un humilde puerto ubicado hacía el sur de La Isla, y los isleños les recibieron con gran augurio, augurio tal que habían preparado dulces de leche, plátanos confitados, leches con chocolate y palmeritas de caramelo, y para que no hubieran confusiones les pusieron diferentes sombreros de colores, y les dijeron que de ahora en adelante esos serían sus nombres (a Jaramillo le tocó el verde claro).
Luego de un rato, se empezaron a acercar los bigotes buscando algunas migajas en el lugar del festín, y el pequeño rey isleño se acercó tímidamente a Jaramillo y le dijo -Capitán Verde Claro, tenemos todo listo para que se dirija al El Lugar- Jaramillo al mirarle se sonrojó un poco, y luego dando una pequeña referencia aceptó, le tomó la mano y partieron.
Viajaron en grandes grupos, cada uno de los tripulantes era acompañado por diez isleños que les enseñaban canciones antiquísimas, y dejándoles en el centro les hacían bailar, Jaramillo estaba muy ansioso, pero se frotaba las manos haciendo que se fuera aquel deseo que tenía de comerse las uñas.
En un momento estuvieron en la cima de la ruma de ropa, y al girar Jaramillo notó que estaba solo, el silencio le silbaba en el oído, y un frescor veraniego le subía por las piernas. Jaramillo camino desconfiado a lo más alto de la ruma y giró para ver La Isla completa, abajo miles de árboles lo saludaban, y el infinito mar parecía caer al vacío allí donde su vista de perdía, Jaramillo se sentó en el suelo y notó que la suavidad de la ropa lo invitaba a recostarse, lo hizo, cerró los ojos y escuchó como la tierra le contaba sus secretos, bom bom, bom bom, bom bom, Jaramillo se sobresaltó y rió, rió tan fuerte que los bigotes llegaron a ver lo que pasaba, y volvió a recostarse y escuchó de nuevo, bom bom, bom bom, bom bom, bom bom, y poniendo su mano en el pecho abrió los ojos, pero ahora estaba en su habitación, y el sol entraba fuertemente por la ventana, afuera los pajarillos cantaban y al asomarse para escucharlos mejor tomó una gran bocanada de aire, el aire marino inundó sus pulmones y se exaltó, bajó corriendo las escaleras, tomó sus palas y baldes y corrió a la orilla.
Para Ale :)
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