Demasiado malo para ser mentira

Demasiado bueno para ser verdad, se lo escupí en la cara y me fui, en mi mente se estrellaba con mi cráneo una sola pregunta: ¿Cómo es que pude ser tan huevón?, 21 de mayo, Patricio Lynch, Chacabuco, Maipú, Prat, las calles que cubren la tierra desnuda pasan, y ella pronto las caminará con otro, pero eso es lo que menos me importaba, estaba más preocupado de sacarme el cartel de huevón de la cara, cuando mi cara se reflejaba en las vitrinas de las casas comerciales, veía como se convertía en la de un burro, si, como en los dibujos animados.

Demasiado bueno para ser verdad, fue lo último que escuché de sus labios, me hubiera gustado tanto tener el valor para habérselo dicho antes, pero al no querer llorar frente a él, había logrado que las lágrimas cerraran mis cuerdas vocales, no puede hacer otra cosas más que bajar la cabeza y escuchar como sus pasos se alejaban por las calles, lamentablemente nunca me han hecho lo que le hice, así que nunca podre saber lo que debe estar pasando por su cabeza, no me queda más que dar vuelta la página y comerme la ensalada que tengo en la cabeza.

Pago el taxi por el trayecto completado, empiezo a caminar por las cuevas esperando olvidar todo el mal rato, mientras la luz del sol se hace más lejana, en mi mente se empieza a crear la idea de que puede estar pensando ella en este momento, una lucha entre los momentos bonitos y el momento de mierda que estaba viviendo ahora, como en una balanza, esa lucha no iba a cesar hasta las cinco de la mañana, hora en que un vaso medio vacio de cerveza me miraba despectivo desde la mesa de centro de mi casa.

- Deje su mensaje después de la señal – era lo único que lograba al llamarlo, tenía el celular apagado, miraba mi cara en el espejo y veía como mis ojeras se hacían más evidentes, la preocupación de no saber nada de él no podía sacármela de la cabeza, necesitaba saber que había hecho después de huir, no es que me importe, para nada, pero si mañana en el diario veo que se mató, tendré que gastar dinero en el psicólogo para que me diga y me repita que no fue mi culpa.

Suena el celular, es la alarma automática, que aunque el teléfono este apagado igual suena, ¿quién habrá sido el imbécil que se le ocurre tal pelotudés?, en fin, en el fondo esa alarma no tenia caso, el horario había quedado atrás, la universidad estaba en Concepción y aunque tomara un avión no llegaría a la hora, y más importante aun estaba de vacaciones. Siguiendo un misterioso impulso, prendí el teléfono, ipso facto, un mensaje de texto, 43 llamadas perdidas de ella, ¡!, es impresionante como cambió la expresión en mi rostro, todas las esperanzas fueron traídas de nuevo del cementerio como por arte de magia, y todos los pensamientos malos sobre mi amorcito enviadas en su lugar.

1 comentario:

  1. hola Nico!

    me gustó te relato! lleno de emociones! de esa angustia que te hace levitar, mirar sin mirar, y estar, estando, sin estar :)

    Esos sentimientos pasan... como todo en la vida (..), para dp extrañarlos! porque hasta eso uno añora volver a sentir!

    haci que... si te toca sufrir, hazlo con todo el alma! y si te toca amar, tb!


    jajaja



    algun dia volveré a escribir, aún no encuentro el momento.


    rouse.
    (gracias por darme tu direccion :P)



    www.rosariocb.blogspot.com (la mia)

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