El Fantasma de la Culpa...

La vida lo persigue, él no quiere seguir viviendo, mira al suelo y camina sin importarle lo que viene delante, a veces me pregunto cómo podré ayudarlo, pero hay algo que no me deja hacerlo, a veces pienso que él sabe que necesita ayuda pero no quiere recibirla, o hay algo que no lo deja recibirla.
Despierta en la mañana como si maldijera a la noche por acabarse, y mandarlo de nuevo al mundo real a lidiar con la maldita vida que lo atormenta y le pesa tanto. El baño parece ser su otro santuario, donde de preocupa de estar limpio, para ver si así puede limpiar su pasado, quiere sentirse mejor consigo mismo, pero al mirarse al espejo no ve lo que quiere ver, ve algo que le desagrada, algo que le molesta, algo que odia.
El desayuno lo espera en la mesa (estaba coja de una pata), pero él lo mira, deseándole lo peor, come con rabia, sabiendo que el día sigue avanzando, como le gustaría que de un momento a otro el sol que cubre la ciudad se destruyera y la luna lo pudiera cubrir por siempre, para que la noche nunca acabara, y así poder dormir hasta el día de su muerte, sus ilusiones eran maravillosas hasta que la realidad lo alcanza y le dice al oído que el sol está puesto y que el día despejado le indica que aunque no halla tomado desayuno, tiene que salir trabajar.
Aunque sabe que si llega tarde lo despedirán, sólo quiere que la micro nunca pase, o que vuelque en su defecto, eso sí, con él dentro, pero al más pensar esto, la llegada de la micro es más inminente, hace parar la micro mordiéndose el labio inferior, y cierra los ojos, para que las lágrimas no puedan pasar al exterior. Paga el pasaje y se sienta en el último lugar disponible, la gente lo mira caminar por el estrecho pasillo, y el siente todos los dedos apuntando hacia abajo como si lo juzgaran, todos evitan mirarlo a los ojos, pero esto es imposible porque él solo mira la suelo. Se sienta lentamente sin despegar la vista del suelo, él lo único que quiere es que el maldito día termine rápido, para así poder estar de nuevo en sueños.
En la esquina de una amplia calle hace parar la micro, pero esta vez lo hace por atrás para evitar que la gente lo señale con el dedo. Camina un poco más de dos cuadras para llegar a la casa de su patrón, lo hace lento, sin preocuparse de las cosas que pasan a su alrededor, entra despreocupado en la casa, su patrón está tomando desayuno con su hermosa familia, lo mira sin que éste se de cuenta del odio que le tiene, les da el provecho a todos con una cínica sonrisa en su cara, su patrón se levanta de la mesa, feliz que su empleado sea tan eficiente, lo saluda enérgicamente, y le pasa las llaves del taxi que conduce todos los días para ganarse el pan de cada día, recibe las llaves, y lo más rápido posible se va a trabajar, le produce malestar ver tanta felicidad.

Su recorrido es monótono, todos los días las mismas calles, los mismos pasajeros, la misma ciudad, el mismo país, la misma vida, la misma mierda, a veces me pregunto el por qué de la elección de su trabajo, se que a él no le gusta ver gente, pero, tiene que haber algo que lo haga todos los días salir de sus aposentos para hacer esto una y otra vez, quizás cuantas veces ha visto a parejas felices que vienen de fiestas, niños después de una tarde de juegos en al parque, o peor aún, papas primerizos que vienen del hospital con sus nuevas criaturas.
Pero bueno, eso es imposible saberlo ahora, revisa el auto para estar seguro, los neumáticos, los frenos, la maletera etc. Sube al auto y lo hace partir, como le gustaría que en todo el día ningún pasajero notara su presencia, y así no tener que ver ninguna sola cara, y sólo ver la suya, triste por el retrovisor, pero sabe que esto nunca será posible, porque sabe que aunque el sufra el mundo sigue avanzando, sin notar su dolor, y pobre de él si lo notara.
Los pasajeros suben y bajan del auto, algunos tristes, otros felices, algunos duermen, pero todos tienen su tema, el sólo maneja mirando hacia el frente, algunos le conversan, pero a él no le importa que la gente le converse, él lo único que quiere es que el día se acabe rápido para así poder irse para su casa y descansar de todo. Para a almorzar, se va al mercado donde siempre los hace, y se sienta en la mesa donde siempre lo hace, la cual está oculta de todos, mirando hacia la pared siempre, la camarera que ya lo ubica, sin preguntárselo le lleva el menú, él le agradece con la cabeza, come lo más rápido posible, pero no parece un grosero, la gente que concurre a este lugar con cierta constancia lo mira y hacen parecer que hablan de él, él lo sabe pero no le importa. Termina de comer, se para se dirige a la caja registradora, paga con el dinero justo, no espera la boleta y se va rápido por la puerta más pequeña, camina por los pasillos rápidamente como si buscara en su cabeza la ubicación exacta de la florería donde todos los días compra: dos calas, cinco rozas rojas, un clavel amarillo y un tulipán, rodeados por innumerables margaritas, la señora Juanita siempre se las tiene listas a la misma hora, y lo más extraño de todo es que es a la única persona que le habla del mercado, le paga y se va expedito al auto.
La tarde es diferente para él, hay menos movimiento en la ciudad y esto le da más tiempo para pensar.
Después de todo su trabajo, se siente cansado, pero esto no le impide que haga lo que ah hecho gran parte de su vida. Maneja a gran velocidad y llega a un hermoso mirador, todo se ve tan hermoso desde allí, se fuma un cigarrillo hecho por él y luego se dirige al cementerio con las flores en la mano, camina por inercia, pues el camino es recorrido por él todos los días, busca una tumba en especial, pero no es difícil encontrarla, llega y limpia todo, aunque lo haga todos los días y el desorden es mínimo, él se arrodilla, en la tumba alcanzo a leer el siguiente epitafio: “ Carmen Alejandra Tapia Guzmán 1989 – 2007 & Camilo Esteban Gutiérrez Guzman 2007 – 2007 Madre e hijo descansando juntos durante la eternidad, los ama Carlos”.
Carlos llora con todos sus fuerzas, cual niño perdido de su madre, llora como lo hace todos los días, llora con dolor y melancolía, llora queriendo que sus lágrimas lo lleven con ellos, y en su mente resuena una pregunta que se hará por el resto de su vida ¿Por qué no me llevaste a mi con ellos?

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