Pd: Yo también te amo.

La vida pasa y pasa, y nosotros la vemos pasar. Muy pocas veces nos fijamos qué le pasa al caballero que va llorando al final de la micro, o por qué la señora que acompaña la carroza fúnebre no llora al igual que los demás. La humanidad a veces suele ser inhumana con sus pares y sólo les importa lo que les pasa, pero no se han puesto a pensar que el mundo es un gran reloj de arena, y que cada persona es un grano, que si no se mueve, detiene todo, e impide que se complete el ciclo de la vida. El viernes empecé a leer un libro, aquel, en un parte decía bien claro, "Lo que hace que la gente se pudra, es perder la capacidad de asombro". Pensé mucho esta frase. Salí a caminar a la playa ese día en el atardecer observando todo lo que pasaba, siempre pensando en la "capacidad de asombro", miraba las estrellas y me lo preguntaba, miraba la playa y me lo preguntaba, miraba a los pololos noctámbulos que merodeaban y me lo preguntaba, yo pensaba que todo debía tener una respuesta, ¿Cómo sería si todos le buscáramos respuesta a todo? Me saqué las zapatillas al llegar al cuarto muelle, me senté, miraba el reflejo de la luna en el agua, cerré los ojos para sentir la brisa marina en mi rostro, el viento traía un olor a arena y el ruido de la música a lo lejos me hacia sentir un poco solo, de vez en cuando veía pasar a algún corredor por la orilla de la playa. Era tarde, saqué un cigarrillo, en la cajetilla salía un caballero con cáncer, pensé, ¿Qué lo había motivado a hacer eso?, acaso, ¿Para que la gente no matara iban a poner a un muerto en las pistolas?, ¿Con qué moral?, difícilmente prendí el cigarro, y lo fumé tranquilo mirando como en la lejanía la gente se divertía, el hermoso silencio que había creado mi subconsciente fue quebrado por el sonido de mi celular, observe la pantalla, era ella, la mujer que compartía conmigo todas mi emociones y toda mi vida, conteste lentamente tratando de adivinar lo que me iba a decir. Me puse de pie y en camino hacia el lado poblado de la playa para recoger el auto de mi padre e ir a visitar a Ángela a su casa. La carretera parecía un gran camino ancestral y al parar en un semáforo veo como dos niños hacen malabares a estas horas de la noche con tres pelotas de tenis envejecidas por el tiempo(¿por qué más estarían envejecidas? pensé). En sus caras se veía el cansancio de toda una tarde de trabajo, quizás para comer, quizá para fumar droga, quizá para pagar la fianza de su padre, yo no podía juzgar para qué lo hacían y pensé, ¿Si les doy dinero se lo fumaran, así que mejor no les doy?,pero, ¿Y si les doy? podrán comer hoy día para mañana seguir trabajando, el semáforo empezaba a cambiar su luz, saque de mi billetera un billete morado, se lo di en la mano izquierda y le dije: -Con esto les alcanza vayan a su casa es muy tarde- , el niño se puso muy contento, corrió donde su compañero, se lo mostró y corrieron, se perdieron en un pasaje y la bocina del auto que venía detrás mío me avisaba que tenia que partir. Eran alrededor de las 11 de la noche, toqué el timbre de la casa color vainilla, salió ella, con una polera rosada y unos jeans, me besó en la puerta, me abrazó y me invitó a pasar.

Al entrar en la casa la arena que iba en mis zapatillas se metió dentro del felpudo que adornaba la puerta de entrada. En la sala de estar había una luz tenue, como si sólo la tele estuviera prendida, y así era, entré tratando de divisar algo en tanta oscuridad. En la tele estaban dando un documental de las peores guerras de la historia del mundo, nos sentamos en el sofá. Había pasado mucho tiempo desde mi llegada a casa de Ángela, pero algo en el aire me hacia pensar que algo no andaba bien. La mirada de Ángela pesaba fuerte en mi rostro, por miedo a alguna reacción inesperada no quitaba mis ojos de la televisión. Pensando demasiado en lo que podía pasar, debo reconocer que el lenguaje corporal todavía no lo pudeo controlar, decidí mirarla, y ella lo único que hizo fue besarme, me besó tanto que toda la paranoia que sentía voló lejos. Al entrar al auto, colocar primera y partir, me era inevitable el pensar, ¿ella me amaba?, y si es así, ¿yo la amo?, AMOR, la palabra maldita, es bastante irónico como una palabra tan pequeña puede causar tanto daño, ¿no sería mejor que sólo existiera lo concreto y no las cosas abstractas?, ¿cómo podía saber si sentía algo que no sabía como era?, el dilema es lo peor de todo, nunca sabes que diablos hacer, nunca sabes como tomar una decisión, porque nunca sabrás si fue o no la correcta porque nunca pudiste probar con la otra.

Al llegar a la casa, la luz prendida me llamó la atención, era tarde, y la única persona que podía estar en pie era mi abuela. Ella me había cuidado desde que había entrado al liceo, con la ayuda de mi padre que rara vez se aparecía por la casa. Ella había sido el gran pilar de mi vida, ella cultivó en mi el hábito de la lectura y el gusto por las preguntas que quizás no tienen respuesta. Entré despacio deseando que sólo se hubiera quedado prendida la luz desde la cena. Investigué la sala para ver cual era la situación. Ella estaba sentada en su mecedora con la pipa del abuelo entre sus labios, al verme se puso de pie, me miró fijamente a los ojos y me dijo: -¿quieres hablar?- yo asentí con la cabeza, fui a buscar mi pipa y salimos a hablar a la terraza que daba al lado sur de la casa. Siempre me había gustado salir a hablar con la abuela, ella conocía todos mis secretos, todas mis mañas, y todo lo que yo quisiese que supiera, mientras trataba de prender la pipa recordaba el día en que me informaron que viviría con ella, en verdad no sé que fue lo que pensé, pero la relación entre nosotros tuvo muchos altos y bajos, pero siempre que cometía un error yo, o ella, lo sabíamos reconocer y aprendíamos de todas las experiencias. Le pregunté qué era el amor, ella inhalando un poco de tabaco miró el cielo, exhaló en dirección a la luna y empezó hablar como si yo no estuviera allí, y dijo - el amor es: no creo que sea un sentimiento que podamos describir, cada uno siente diferente, yo no puedo decir que yo amé igual a tu abuelo, como tu madre amó a tu padre,- sus palabras recorrían mi subconsciente pensando todo lo que mi vieja decía, mientras hablaba la miraba a los ojos y sentía que en sus labios encontraría la respuesta que estaba buscando, y que al finalizar esta conversación podría llamar a Ángela y decirle lo que sentía por ella y vivir feliz sin el remordimiento de decir "te amo" sin saber lo que era el amor. Me extraña tanto el cuestionarme esto en esta etapa de mi vida, antes las relaciones informales eran pan de cada día, pero el amor era algo que solo la gente grande hablaba, pero, ¿mis parejas me amaban?, no lo sé, y ahora era poco importante. Mi abuela hablaba muy inspirada sin sacarse la pipa de la boca, y rara vez mirándome a los ojos, la pipa cayó al piso y mi abuela se quedó en silencio, sus ojos estaban grises y la mano le tiritaba, de un momento a otro cayó a mis brazos estando fuera de sí, le grité varias veces pero era imposible, ella no escuchaba, estaba en otro mundo, quizás hablando en otro lugar del amor. La tomé en mis brazos y la subí al auto lo más rápido posible, en el auto me fue muy fácil tomar velocidad para llegar a la clínica, en el trayecto no sé como diablos pude concentrarme en el camino, llamar por teléfono para avisar que iba en urgencia y nunca quitarle los ojos de encima a la abuela, llegué, y la atendieron de inmediato, saqué nerviosamente un cigarro e inhalando humo llamé a mi padre para avisarle lo que le había pasado a su madre, asintió por el teléfono, y mientras llegaba mi padre mirando la luna caminaba de un lado a otro pensando como pude hacer todo lo que hice en el auto, y me fue imposible el no pensar si eso había sido gracias al amor que sentía por la abuela, ¿eran todos los amores iguales?
Al quedarme un rato inmóvil con la cabeza hacia el cielo, llega mi padre casi carcomido por los nervios, y me pregunta por su madre, y me critica por estar tan calmado en una situación así, es que la abuela me enseñó a ser así, me decía que la muerte era sólo un hermoso paso en la vida de los hombres, y aunque no estaba muerta yo sé que si estuviera aquí conmigo estaría sentada con su pipa esperando que algún doctor se acercara a explicar que estaba sucediendo. Un doctor con una bata blanca y unas entradas bastante pronunciadas llama gritando en la sala de espera a los familiares de Maria Mackena, mi padre salta del asiento plástico y se dirige nerviosamente hacia el doctor y yo camino detrás de él casi pisándole los talones, el doctor le pregunta quien era él, mi padre responde nerviosamente que es su hijo, él lo aparta de mí y le dice algo que no alcanzo a escuchar, pero sólo veo que mueve las manos, al terminar, se acerca a mí, me abraza, y rompe a llorar, la abuela había muerto.

Mi padre cayó en un shock que maldeciré por todo mi vida, al llegar a la casa para descansar un poco, se metió en la habitación de la abuela, y no salió de allí durante todo el día, fui a la cocina, tenía mucha hambre, le pregunté a mi padre si quería algo de comer, y no respondió, lo único que hacia era mirar el techo, y yo veía como las lágrimas caían por el zanco que hay cuando termina el ojo. Me dio mucha pena, el nunca había aprovechado bien a la abuela, y no se había alcanzado a despedir de ella, ¿qué pasará por su cabeza?, miles de recuerdos deben romper su mente, recuerdos que censuran cualquier esperanza de volverla a ver, mil vivencias que tuvo que aprovechar al máximo para no arrepentirse de lo que no hizo. De todas las cosas de las que se debe estar arrepintiendo, todas las cosas que quizás le dan la esperanza para decir: "Yo descanso en paz". El sonido del teléfono me sacó del transe, era Ángela, a la cual había llamado pero ella no estaba, al parecer el mensaje le había llegado, mientras me ponía el teléfono en el oído, empecé a servirme un café, ya que el sonido del teléfono con el de la tetera habían sonado al unísono. Por el tono de su voz, me imagino que estaba preocupada, mientas miraba como el tono del café se apoderaba del agua caliente, le conté todo lo que había pasado, ella rompió a llorar, pues era bastante cercana a mi abuela, siempre me acuerdo cuando ellas se sentaban en la terraza a conversar sobre la vida, y las muchas veces que Ángela le pedía la pipa para prender sus cigarrillos delgados que le gusta fumar a ella, y yo tenia que irme a otro lado por que siempre sentía que sobraba y me metía en el computador para pasar el rato, nunca me sentí mal por eso, me encantaba que se llevaran tan bien. Al colgarme el teléfono me dijo que venía hacia mi casa, yo me moría de ganas de verla, y ya empezaba a sentir que necesitaba un abrazo y alguien en quien poder poner mi cabeza llena de pensamientos y llorar, llorar hasta que saliera ese maldito dolor y esa carga que trae la muerte de una persona. Al tomar el último trago de café, la mano derecha me tiritaba. El sonido del timbre rompió el silencio sepulcral que se había creado en la casa, dejando la taza en el lavaplatos me dirigí hacía la puerta, al abrirla la vi a ella, se veía tan hermosa, con su pelo en sus hombros, me miró a los ojos y me abrazo fuertemente, pasé mis brazos por debajo de los suyos, y apoyé mi cabeza junto a la suya, ella se paró en puntas y poniendo su boca cerca de mi oído, me dijo suavemente: - Te Amo -, me puse a llorar y dije: - Yo También -.

2 comentarios:

  1. Que lindo... que triste...cuanto amor y cuanta necesidad...
    cuanto de verdad y cuanto de ficción??
    pero se parece mxo a mi hsitoria con mis abuelos... me trajo a la memoria muxas viviencias y el recuerdo del moemnto en que se fueron...triste...pero tranquilo y además muy necesario...era el momento, no podías er otro minuto si no ese... que nostalgia de aquellos que ya no tengo cerca y cuanto los he necesitado en este ultimo tiempo, sin embargo, los recuerdo, trato de pensar en que harían y que me dirían ellos, entonces, como una luz que se encinede rescato el mejor y más sabio de los consejos... aquel que sin duda hubiese recibido de mis abuelos...

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  2. La vida viene y va en el momento justo cuando todas las cosas comienzan el fin del renacer.

    Las respuestas inalcansables son , las que por escencia ya sabiamos, pero aun no nos atreviamos a conocer.

    Escritores arriba!

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