Antonieta yacía desnuda en la cama, sus pechos eran delicadamente aplastados entre su cuerpo y el colchón, su cabello tapaba la mitad de su oído, su pie derecho frota al izquierdo casi de manera imperceptible, las curvas de sus caderas esconden un lindo lunar aceitunado, y sus manos rascan la almohada.
Despunta el medio día y Antonieta todavía no lo sabe.
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