Martes 17 de Noviembre
Hoy parte el bus, la verdad todavía no estoy muy seguro de tomarlo. Cuando era joven pensaba que este momento sería más fácil, pero ahora que estoy sentado en el bus escribiendo esta libreta me dan ganas de poner las cosas en la balanza, aunque la verdad no tiene mucho sentido, no existe un lado de la balanza que me obligue a quedarme en este lugar, lo encuentro monótono, sin complicaciones, es como un trámite eterno, es como estar en una fila para dejar una carta, como un semáforo en rojo.
Pero la verdad no engaño a nadie, mi vida es igual de monótona, quizás por eso me cuesta tanto irme. Les quiero ser sinceros, en algún momento pensé que lo que tenía que hacer era agarrar mis cosas más importantes e irme a cualquier lado, de eso trata la vida ¿no? de tener actitudes impulsivas y sin explicación, pero ahora que lo pienso, es primera vez que hago una cosa así, quizás debería empezar por algo más de principiante, comer una comida que no me gusta por su nombre, o hablarle a una mujer en la calle y decirle simplemente que la encuentro guapa. En momentos como este me pregunto si está bien lo que estoy haciendo.
Monótonamente el auxiliar mete los equipajes en la parte inferior del bus, lo puedo ver porque estoy en la ventana, pero no me gusta la ventana, siento que si veo un lugar que es mejor que donde me dirijo, voy a sentir ganas de bajarme, me imagino que una persona impulsiva haría eso, y como estoy en pasos de ser alguien impulsivo, corresponde que cumpla con el protocolo, pero sé que pronto llegará la persona que se siente al lado mio para entregarle su ventana, sólo espero que no sea una mujer, y si lo es, que no sea muy guapa.
Después de comprar el periódico de turno aparece un señor semi-calvo.
-Joven, está en mi lugar.
-Claro, lo estaba esperando.
-¿Me estaba esperando?
Después de ver su expresión de confusión caigo en cuenta que fue una frase bastante desafortunada.
-Si, es que yo tengo el pasillo, sólo quería ver al auxiliar acomodar los bolsos. Sabía que este momento llegaría, por favor, tome asiento.
-Ah! Entiendo. Marcelo, mucho gusto.
Totalmente desafortunada, ¿Marcelo? ¿Qué tipo de madre le pone Marcelo a su hijo?
-¿Marcelo?
-Si, Marcelo, tal como mi padre.
Claramente una mujer cuyo esposo se llama Marcelo.
Luego de mi inesperado diálogo con Marcelo, traté de hacerme el desentendido, este tipo Marcelo era como esos taxistas que te comentaban lo que pasaba en el país, hablaba y hablaba. En ese momento pensé que quedarme en la monotonía de mi ciudad, la sola idea de encontrarme con Marcelo en el centro, me causaba una extraña nausea, pero debía ser firme, ahora que era una persona impulsiva, tenía que seguir el protocolo, pero, ¿si me bajaba del bus estaría teniendo un comportamiento impulsivo frente a la actitud de Marcelo? Estaba muy confundido.
Al final, decidí que ser impulsivo era muy complicado, así que me despedí de Marcelo y me bajé del bus.
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